Plan Pise. Otro Bicentenario es posible                      

El Perú, como la mayor parte de países del hemisferio sur, tiene como una de sus principales características su debilidad institucional lo que impide que se construyan mecanismos que canalicen una vida verdaderamente democrática. Obviamente la democracia no consiste en votar cada cierto tiempo a las autoridades que regirán los destinos de una nación, es mucho más complejo, es un sistema que debe propender a que todos los ciudadanos se sientan parte del estado y, si bien esto tiene un componente imaginario, la vida diaria debe estar construida para que cada uno de nosotros pueda ejercer parte del poder. Si no hay instituciones articuladoras ¿Cómo el estado distribuye su poder para que todos tengan las mismas oportunidades de ejercer su ciudadanía?

Esta debilidad atraviesa todos los campos de la vida social y productiva, incluyendo la arquitectura, una profesión que pasa muchas veces por las relaciones sociales y de parentesco, pertenecer a un sector socio-económico acomodado implica acceder a trabajo gracias a parientes, amigos del colegio y del barrio e incluso enseñar en universidades privadas. Hasta hace unos 30 años esta era la lógica a través de la cual se obtenían proyectos, hoy sabemos que hay otro medio, la corruptela imperante en el sector público que permite también a amigos y parientes de los funcionarios públicos y autoridades acceder a todo tipo de proyectos. Estas dos maneras se reproducen a sí mismas como sistemas endogámicos, vemos de un lado como los arquitectos del mismo medio socio-económico son los que mayoritariamente acceden a trabajo, ganan premios y son publicados. Y del otro, una obra pública que nadie sabe como se adjudica, rodeada de sombras y corrupción. Al margen de la calidad de los proyectos o de los proyectistas, se trata de modalidades perversas que se reproducen a sí mismas y que dejan a un lado a quienes no gozan de ese capital social capaz de insertarlos en “el mercado” de lo público o lo privado. Todo lo dicho, claro, al margen de casos inusuales y fantásticos como el Plan Selva, que aún no ha devenido en política pública de renovación real.

Esa es la principal razón por la que importa un Colegio de Arquitectos, fuerte y activo, y no el absurdo espectáculo de un gremio incapaz de ponerse de acuerdo, preocupado únicamente por quien controla el poco dinero que se recauda y con una mirada más que mediocre sobre el ejercicio de la profesión. Esa es la institución que debería asistir al estado en materia de arquitectura y urbanismo y organizar los concursos públicos que permitan una distribución del trabajo democrática, dando a conocer a esos arquitectos sin mas vínculos que los labrados en su propio quehacer. Esta situación puede reproducirse eternamente -de hecho, en el Perú esta situación está naturalizada- reproduciéndose la injusticia e impidiendo que algún día se alcancen los ideales democráticos. Es importante romper esa cadena para lo cual es imprescindible criticar, escribir y publicar, porque si sólo publicamos imágenes a la velocidad con la que venimos haciéndolo, seguiremos pensando que todo va bien, que este es el único sistema al que se puede acceder. Nadie intentará cambiar nada, la sociedad seguirá igual y la democracia será tan superflua como levantarse un domingo de abril para ir a votar sabiendo que nada cambiará.

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Es en el contexto antes descrito que reside la importancia del PLAN PISE, un proyecto valioso por estar cargado tanto de espíritu democrático como arquitectónico, nacido ya hace un año, uno de los aspectos que más llama la atención es su naturaleza pedagógica. De un lado, cada una de sus etapas es presentada al público como partes de un proceso mayor, lo que permite su entendimiento pleno tanto como su replicabilidad. Su primera actividad se orientó a organizar viajes de estudios para estudiantes de arquitectura y el primer proyecto ha sido el equipamiento para un colegio público. La educación es la gran promesa del PLAN PISE y por eso no es extraño que su creador y gestor sea un joven docente universitario, César Tarazona.

Tampoco es de extrañar que los proyectos a concursar tengan como objetivo “asistir a comunidades en proceso de desarrollo, en la Planificación y Construcción de Proyectos de Infraestructura Social que permitan mejorar sus condiciones de habitabilidad”, por que el PLAN PISE es una reacción frente a la desidia de un sector del Estado que se resiste en atender problemas urgentes y claramente identificados, en ciudades como las nuestras con desigualdades tan marcadas que generan guetos de pobreza y de riqueza que rara vez están en contacto.

Otro tema que llama la atención es el horizonte temporal del proyecto. En los últimos años ha sido evidente que los jóvenes arquitectos han sentido que las facultades y las oficinas profesionales no cubren sus expectativas de cambio. Tampoco las instituciones -las pocas y debilitadas que sobrevivieron el tsunami apro-fujimorista entre 1985 y el 2000- parecen ahogar los ímpetus de una generación como la millennial, urgida de éxitos inmediatos. Si no eres publicado no existes, acumular experiencia, trabajar a mediano plazo o simplemente empezar de a poco, no es una alternativa. Día a día vemos la angustia de las recientes generaciones, en parte para cambiar algo de un mundo cada vez más reacio al cambio, en parte para obtener notoriedad y fama. Las aspiraciones son contradictorias, a lo Lipovetsky, pero convergen en empujar a la acción inmediata, al corto plazo, al urbanismo táctico, al “con lo que hay”, al post en Facebook y la foto en Instagram.

En medio de este frenesí por el “ahora mismo” sorprende un proyecto como PLAN PISE, se trata de un plan a mediano plazo, el punto de partida es la creación de un fondo que financia los viajes de estudio ya mencionados. Los viajes son una historia aparte, rompe con los tradicionales tours para ver “objetos” arquitectónicos y pasearse cual turista, mirando todo a través de la pantalla del celular y hacer check a la lista de Instagram. Por el contrario, estas visitas se enfocan en intervenciones urbanas y en edificios públicos, nada de residencias o comercio, ¿Para qué? ¿Alguien cree aún que se puede aprender algo ahí? Es increíble que no se comprenda aún la inmoralidad subyacente de hacer de la vivienda unifamiliar y el comercio un sujeto académico en América Latina.

 |por Luis Rodriguez Rivero

Miércoles, 19 de Junio de 2019

Los viajes dejan utilidades, pero estas financian los concursos para estudiantes y parte de la obra. Los ganadores, además de recibir un premio en metálico y la posibilidad de practicar en las oficinas de Arquitectura que la red del PLAN PISE va formando poco a poco, se encuentran al cabo de unos meses con su primera obra construida. Al analizar todo el proceso y más allá de lo que se construye, queda claro que por encima de todo hay un proyecto de mediano plazo que busca cambiar paradigmas en las actitudes, los procedimientos, las aspiraciones y los tiempos de los jóvenes en la arquitectura.

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Jurado Calificador. Evalución Primer Concurso de Anteproyectos.

La educación es el tema del primer proyecto del PLAN PISE, se trata de techar una parte de un patio central, no se pretende competir con la labor del Estado sino, por el contrario, discutir su enfoque educativo y aportar. El patio se entiende también como un espacio de aprendizaje y como tal hay que protegerlo del clima, los rayos solares y proveer, mediante la arquitectura, un espacio capaz de congregar. El patio debe dejar de ser el espacio del fulbito, predominantemente masculino, para devenir en un espacio de conversación mixto e inclusivo, para jugar, para pensar, intercambiar y hacer efectiva la camaradería. Un techo, la arquitectura, puede generar el marco para un nuevo entendimiento de la educación.

El primero de los 6 proyectos planeados hasta el 2021 ha llegado a su fin, se trata de una cubierta de 216 m2 en el patio del Colegio Villa de Jesús ubicado en Villa el Salvador en la ciudad de Lima. El jurado eligió por mayoría este proyecto por su simplicidad, se trataba de una respuesta más que directa al problema planteado por las bases. La sobriedad de la propuesta y lo sucinto de los dibujos indujo a pensar que los concursantes sabían perfectamente lo que querían, un techo en un patio. Dada la simplicidad del planteamiento la solución estaría en la definición última del emplazamiento, las dimensiones, la escala y los detalles, aspectos claves de la 

arquitectura que no siempre son valorados por esa inclinación a hablar mayoritariamente del espacio y la forma. La altura del techo, que debía estar a escala con el edifico existente y el patio, era una de las debilidades de los dibujos del concurso que debía ser corregida. La versión final ha aumentado la altura mejorando notablemente las relaciones con lo existente, permitiendo además que el espacio formado en la parte baja sea amplio. Elevar la altura ha permitido que la estructura gane en esbeltez y que mejore notablemente la escala, adquiriendo cierta dignidad, pasando el techo a ser una especie de baldaquino en el espacio del patio de recreo. La nueva altura mejora también las relaciones visuales que antes no estuvieron pensadas y que ahora fluyen entre el corredor del segundo nivel y el espacio bajo el techo.

La nueva altura ha permitido además que el espacio bajo el techo se proyecte espacialmente hacia el patio, formando una nueva unidad, es decir, ha resignificado el espacio del patio. Puede parecer que esto carece de importancia, sin embargo, es justamente a lo que la arquitectura sobre lo construido debe aspirar en los mejores casos, darle un nuevo y mejor sentido a lo existente, resignificarlo. El proyecto que ganó era básicamente un techo en un patio, el que se ha construido es un nuevo patio, cuyo techo, esbelto, ligero y mínimo, logra un buen contrapunto con los pabellones más bien opacos. Los pabellones del Colegio que antes eran los protagonistas del conjunto, han devenido en fondo, explotándose al máximo su condición genérica.

I.E 7216. Colegio Villa de Jesús | Villa el Salvador-Lima

Proyecto Arquitectura. Mónica Castillo, Eva Arias, Alvaro Contreras, Fredy Quispe, Germán Becerra, Freddy Briones.

Si bien el techo no ha cambiado en superficie ni en su concepto principal, las modificaciones a nivel constructivo han sido enormes, la principal ha estado dirigida a lograr la esbeltez descrita y que con recursos mínimos ha logrado desvanecer visualmente la intensidad de los esfuerzos estructurales. Desde la colocación de una viguetería mínima que coincide con la armadura de los tijerales acercándose incluso a su dimensión, hasta el diseño del tijeral cuya altura separa el techo del final de las columnas, lo suficiente para que la cubierta opaca se sienta desvinculada de las columnas generando la ilusión de un vacío que no porta esfuerzo. Las columnas, por el contrario, acentúan su presencia, no sólo por su masividad cilíndrica y su sección circular -indireccionada y que insinúa una utilización flexible bajo el techo- sino por la zapata que se levanta mínimamente para aislar el anclaje metálico, pero lo suficiente para afirmar su presencia.

Contrasta la simplicidad y bajo costo de los materiales con la sofisticación del detalle basada en la precisión milimétrica y la adecuada elección de los perfiles usados. La construcción metálica no es precisamente el fuerte de la arquitectura peruana, por lo mismo que no somos grandes productores de acero, no somos ni pulcros ni dedicados con este material. La arquitectura de Cooper-Graña-Nicolini entre mediados de los setentas y ochentas fue una excepción, casi un accidente. Edificios como ALIDE o las viviendas de la Avenida La Paz -cuyo trabajo con perfiles ordinarios de fierro dulce, pero de una precisión y elaboración en el detalle, realizan un contrapunto potente contra la masividad del ladrillo o el concreto que generan un expresividad muy eficiente- son extraordinarios accidentes en la producción peruana y por eso mismo no han generado una nueva tradición moderna. El techo no opta por ese camino casi manierista -en el buen sentido- sino que se acerca más a una voluntad de lo mínimo, a su propia desmaterialización a partir del esfuerzo mínimo y la continuidad precisa de esfuerzos.

Estructuras | Construcción. www.insitu-lima.com

Patio Común I.E 7216 Colegio Villa de Jesús.

Se trata de intervenciones modestas, mínimos, pero este primer resultado es auspicioso, porque más allá de su magnitud se trata de una pieza con un rol claro y para una comunidad específica, que lleva arquitectura bien hecha a un sector donde no suele llegar. Habrá que estar atentos a los próximos 5 concursos del PLAN PISE que de seguro constituirán momentos interesantes para hablar de arquitectura y, sobre todo, para hablar de las posibles nuevas vías que la arquitectura en el Perú aún no explora. Mientras el Bicentenario se acerca y el país contempla absorto cómo quienes deberían habernos gobernado se dedicaron a saquearnos y mentirnos, las iniciativas para marcar el fin de nuestros primeros doscientos años como República y el inicio de un nuevo centenario, casi no existen. De un lado se tiene la bienvenida iniciativa de la empresa Centenario y en el otro extremo el PLAN PISE, una ambiciosa apuesta que nos hace pensar que todo lo bueno es posible, que en el país donde cada gobernante tiene su Maiman, también hay proyectos que sueñan con un Perú que sale adelante.

PLAN PISE: Plan de Gestión y Financiamiento de Proyectos de Infraestructura Social Educativos.